Recursos humanos

“El oprimido”, “la víctima”, “la parte más delgada de la cuerda” son frases que se emplean con mucha frecuencia para referirse al estudiante. Ellas reflejan, una vez más, consecuencias de la concepción conductista. Con ésta, la Educación se reduce a una serie de imposiciones para provocar en el alumno una cadena de estímulos – respuestas y a ésto se le llama aprendizaje. Así, en la medida en que él pueda repetir fielmente las informaciones que se le dan obtiene las “notas” que le permiten seguir adelante, hasta egresar o profesionalizarse.

Como es fácil constatar a cada rato y en toda parte, que en un porcentaje significativo el rendimiento escolar es deficiente, la primera conclusión que se puede sacar es que algo está fallando. Ordinariamente, a quien más se responsabiliza de fracaso es al alumno. Como éste es la parte más deébil del engranaje, todo se queda ahí. Sin embargo, es claro, que esto es injusto. Lo más probable es todo lo contrario. La lógica más elemental indica que lo procedente sería examinar todos los factores que influyen, para determinar exactamente la causa de los bajos resultados. Si las actitudes del maestro, la metodología, el material didáctico utilizado y los conocimientos básicos necesarios fueron los adecuados, entonces si la responsabilidad residiría en el alumno. Pero oh paradoja, aún si éste fuera el caso: ¿Quién es el responsable del desarrollo del sentido de responsabilidad del estudiante?

La responsabilidad y muchos otros rasgos personales constituyen elementos de procesos muy complejos como: la reflexión, concienciación y comunicación. Para que estos se desarrollen hasta alcanzar niveles aceptables es preciso un conjunto de condiciones favorables que permitan su realización.

Así, recibir informaciones acerca de distintos temas, es necesario pero no suficiente. Parece normal que para poder cumplir con cualquier exigencia, uno debe estar en condiciones que le permitan hacerlo. ¿Cómo le van a exigir responsabilidad, a alguien que ni siquiera sabe lo que esto significa?
Es lamentable que haya quienes confunden esto con lo que llaman algo así como “pedagogía del pobrecito”, lo cual es un gran error. La criatura humana tiene todo el derecho a la dignidad. Pero tras de que muchos estudiantes son degradados, todavia se les niega toda posibilidad de levantarse. Esto sólo se puede calificar como: ” extrema crueldad”.

Aparte de los que han sido totalmente marginados, la población estudiantil, de hecho, se distribuye en tres categorías de alumnos:

Los privilegiados: son los que tienen de todo. Esto les ha permitido un elevado desarrollo personal-social. Pueden adaptarse fácilmente al ambiente escolar. Cumplen con todas las exigencias que bien podria decirse, están por debajo de su capacidad. Sus aspiraciones por múltiples o grandes que sean, seran fácilmente satisfechas. Casi todos optan por una profesión y la consiguen.

Una relativa mayoría está constituida por los que con mayor o menor dificultad, pueden salir airosos. Son los que se conforman “con pasar”. Se encuentran en una posición relativamente cómoda pero no pueden arriesgar nada. Es decir, si las exigencias aumentaran con seguridad se verían en grandes aprietos. De estos, la proporción que puede culminar los estudios superiores, es mucho menor.

El último segmento está formado por los que podrían llamarse “disminuidos”. Con carencias en uno, dos o tres de los aspectos: biológico, psicológico o social. Las exigencias de la Escuela están por encima de su condición. Las probabilidades de éxito en sus estudios son mínimas. En muchos casos no les queda otra alternativa que desertar, lo que en muchos casos sucede muy temprano.

Para un disminuido, aprobar la Primaria es una hazaña y por lo tanto son pocos los que lo logran. Mientras que para un privilegiado es fácil alcanzar cualquier grado universitario, razón por la cual todos lo pueden lograr.

Entre los marginados y los disminuidos se encuentra el principal caldo de cultivo para la delincuencia y otras lacras de la sociedad.

Es a todas luces aceptable, deseable y razonable que las probabilidades para culminar sus estudios, sean las mismas para todos. Pero sin eufemismos ni metalenguajes. Lamentablemente, la realidad que muchos países se empeñan en sostener, es muy distinta. Esto significa un gran desperdicio del potencial humano, además de ser injustificable, increíble e inaceptable; por lo perjudicial que resulta para una inmensa mayoría.

El docente es el sujeto con mayor responsabilidad en el proceso enseñanza-aprendizaje. Pero a El se le ha enseñado a enseñar. Es prisionero de las férreas estructuras del sistema. No obstante, el alumno y sus padres sólo esperan de El lo que sabe hacer. Si alguna vez intentó sustantivas mejoras en la calidad de su misión, tuvo que afrontar reacciones negativas que pudieron convertirse hasta en amenazas de despido. Se convence así de que seguir haciendo lo mismo de siempre, es la única alternativa que le queda. A partir de aquí, su sentido de responsabilidad lo obliga a cumplir de la mejor manera posible y en muchas ocasiones gran parte de los docentes tienen que dedicarle mucho tiempo extra a su trabajo. Con los años, aprende a hacer ajustes en los métodos y técnicas que aplica, hasta que logra acomodarse a las circunstancias ” perfectamente bien”. Con mucha frecuencia,  un profesor o una maestra con varios años de servicio, están totalmente convencidos de que lo que están haciendo es lo mejor y nada ni nadie los va a hacer cambiar. Mas aún, para muchos de ellos eso es un insulto y darían hasta la vida por defender aquellas convicciones. El condicionamiento del profesorado así descrito, hace pensar que se consolida un personal docente propenso a defender decididamente el mantenimiento de prácticas didácticas obsoletas, lo que les  impide  aplicar  los adelantos en las Ciencias de la Educacion.

Pero siempre hay esperanzas. Muchísimos maestros y profesores llegarán a adquirir consciencia de la trascendental importancia de su misión. Es muy probable que estarían dispuestos a ofrecer sus servicios profesionales en aras de la satisfacción de las grandes  necesidades actuales mencionadas.

Las autoridades educativas realizan funciones que influyen poderosamente en el proceso. Si bien, se preocupan por el mejoramiento de la enseñanza, pocas veces hacen planteamientos que conduzcan a una verdadera modernización. Por demás está decir que no han encontrado las soluciones a los grandes problemas que se apuntan en este sitio. Para quien quiera reconocerlas, las evidencias son claras y abundantes.

En los puestos administrativo-docentes se requiere personal con una visión más amplia y una capacidad mucho mayor que la mostrada por la gran mayoría de los que  los han desempeñado. Es insuficiente que se limiten a labores de conciliación y apaciguamiento.

La trascendental importancia de un tema como el de Recursos humanos amerita un enfoque desde una visión prospectiva. Las transformaciones que, por efectos de la Globalización, experimentan los contextos de : información,  tecnología, conocimiento y significado cultural de los procesos de enseñanza y aprendizaje son múltiples y evidentes.

Son claras las metas de los países emergentes: sostenibilidad del hábitat, consolidación de una democracia real, equidad social, competitividad institucional y empresarial.

Más específicamente, es urgente la aplicación de una Política Educativa compatible con la Globalización. Para la formación de los recursos humanos competentes, necesarios para los próximos años; en particular, es impostergable la elaboración de una organizacion curricular “mundialista” para el período que abarca la Primaria y Secundaria concebidas como un todo progresivo e indivisible. Su base filosófica ha de derivarse de la Concepción Humanista y la psicológica será una aplicación de la Teoria Cognoscitiva. Para tal elaboración los 5 principios fundamentales pueden denominarse: Principio de Integración – Principio de Innovación – Principio de Experimentación – Principio de Socialización y Principio de Intercomplementariedad.

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