Recursos humanos

“El oprimido”, “la víctima”, “la parte más delgada de la cuerda” son frases que se emplean con mucha frecuencia para referirse al estudiante. Ellas reflejan, una vez más, consecuencias de la concepción conductista. Con ésta, la Educación se reduce a una serie de imposiciones para provocar en el alumno una cadena de estímulos – respuestas y a ésto se le llama aprendizaje. Así, en la medida en que él pueda repetir fielmente las informaciones que se le dan obtiene las “notas” que le permiten seguir adelante, hasta egresar o profesionalizarse.

Como es fácil constatar a cada rato y en toda parte, que en un porcentaje significativo el rendimiento escolar es deficiente, la primera conclusión que se puede sacar es que algo está fallando. Ordinariamente, a quien más se responsabiliza de fracaso es al alumno. Como éste es la parte más deébil del engraje, todo se queda ahí. Sin embargo, es claro, que ésto es injusto. Lo más probable es todo lo contrario. La lógica más elemental indica que lo procedente sería examinar todos los factores que influyen, para determinar exactamente la causa de los bajos resultados. Si las actitudes del maestro, la metodología, el material didáctico utilizado y los conocimientos básicos necesarios fueron los adecuados, entonces si la responsabilidad residiría en el alumno. Pero oh paradoja, aún si éste fuera el caso: ¿Quién es el responsable del desarrollo del sentido de responsabilidad del estudiante?

La responsabilidad y muchos otros rasgos personales constituyen elementos de procesos muy complejos como: la reflexión concienciación y comunicación. Para que estos se desarrollen hasta alcanzar niveles aceptables es preciso un conjunto de condiciones favorables que permitan su realización.

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