El sistema educativo

En todos los países del mundo se le da gran importancia a la educación, porque se considera que por medio de ella es posible lograr un desarrollo adecuado de las personas para que se adapten al medio en que viven y se pueda llegar así a una convivencia armoniosa entre todos sus habitantes. Actualmente se concede gran importancia a la armonía entre el hombre y la naturaleza.

Luego se habla de la importancia de la preservación de la “herencia cultural” y muy pronto se hace referencia a la “transmisión del conocimiento”. De aquí en adelante el panorama se torna muy oscuro, pues las grandes preocupaciones de los gobiernos, las instituciones educativas y los docentes enfocan principalmente (si no en forma exclusiva) ese aspecto particular. O sea que la transmisión de conocimientos, tal como se practica ordinariamente, tiene poco que ver con la preservación de la herencia cultural y mucho menos con la convivencia armoniosa entre los seres humanos y entre éstos y la naturaleza.

Desde muy temprana edad, se busca enseñar a los niños a leer, escribir, sumar, etc. sin que nadie o casi nadie sepa que ésta no es la razón de ser de la educación. En la medida en que el sistema se preocupe por enseñar contenidos de asignatura, disminuye la posibilidad de que atienda eficientemente el desarrollo de la capacidad para resolver los grandes problemas ya señalados. Peor aún, desde le momento en que se olvidan, se desconocen, o se desatienden las características bio-psico-sociales de los estudiantes, el éxito en sus estudios es muy poco probable. Cunden por doquier el desánimo y la frustración.

En la mañana, tarde y noche de gran parte de los días lectivos, es posible observar en diferentes instituciones educativas gestos de tristeza, impotencia y frustración, en los alumnos.

Lamentablemente los buenos resultados de muchos otros suelen ser pura apariencia, pues obedecen a técnicas desaconsejables como: trampas en los exámenes, efímera retención de informaciones, etc.

Estos hechos confirman lo razonable de las críticas respecto a la frecuente confusión entre instrucción y formación. Aquellas son totalmente fundamentadas, incluso las más severas. Si al estudiante se le prepara casi exclusivamente para que repita frases dichas por el docente, la esperanza de un aprendizaje más sólido es un sueño.

La enseñanza superior, a pesar de su extremado y así mismo injusto elitismo, tampoco escapa a los duros cuestionamientos. En su seno tambien es posible observar alumnos que lloran desconsoladamente por sus fracasos. Si las Universidades fueran concientes de que la sombra de la obsolencia no anda muy lejos quizás podrían comprender lo apremiante de las exigencias de la época. Es de su propia conveniencia, hacer los planteamientos que respondan satisfactoriamente a las necesidades actuales y futuras que son perfectamente previsibles. Con respecto a la misión de la Universidad hay frases que se repiten mucho: “promover la transformación de la sociedad”, “verdadera justicia y prosperidad”, “compromiso con la solución de los problemas nacionales” …

Para justificar la apreciación de que en la actualidad los sistemas educativos son sumamente ineficaces e ineficientes, conviene hacer una división en dos clases de aspectos: cuantitativos y cualitativos.

Dentro de la primera clase, examinemos primero la proporción de estudiantes de un determinado nivel que son atendidos por el sistema. Así, de los niños en edad preescolar, qué porcentaje está realmente atendido?. Es claro que la única respuesta aceptable sería: 100%. Sin embargo es muy probable, que aún en países desarrollados, la realidad diga otra cosa. Con gran preocupación constataremos que conforme el país es menos desarrollado, las cifras correspondientes pueden arrojar datos alarmantes. En el siguiente nivel, o sea la Primaria, podemos examinar el porcentaje de estudiantes atendidos y veremos “consternados” que el resultado no es nada halagador. Cuando se examinan los otros niveles, esto es: secundaria. pre y Universitaria la situación no puede ser peor.

En una segunda fase corresponde profundizar un poco el análisis para observar los porcentajes de alumnos atendidos, que han tenido éxito en los diferentes niveles. Por último, habría que determinar los porcentajes de promoción, pero con respecto a la población total. O sea, con respecto a todas las pesonas existentes que tienen la edad del nivel.

Los cuestionamientos a los sistemas educativos son mucho más profundos cuando lo que se examina es la “calidad” de la enseñanza y aún más allá, la calidad del producto.

En la parte operable de la organización curricular de los niveles de los sistemas educativos conocidos, lo que se incluye son los contenidos de  las asignaturas y algunas otras especificaciones en relación con el plan de estudios. Pero en el desarrollo de los programas de las distintas materias nunca se propone “especificamente” la formación de personas altamente creativas, el desarrollo avanzado de la inteligencia o de altos niveles de moralidad y otras cualidades sumamente deseables.

Consecuentemente, lo único que se puede garantizar es el dominio más o menos aceptable, de los contenidos de las asignaturas que se enseñan en los diferentes niveles del sistema.

Gústele o no al estudiante; está obligado a estudiar lo que estipulan los programas, en el momento, la forma, el ritmo y la selección de contenidos que el docente le imponga. Independientemente de su capacidad de aprendizaje, debe cubrir la cantidad de conocimientos que le ha sido indicada. La periodicidad y otras caracteristicas de la verificación del aprendizaje son rígidas y los resultados que en muchos casos suelen ser injustos(o al menos cuestionables), prácticamente inapelables.

Infortunadamente, aún en países pequeños como Costa Rica existen diferencias entre las zonas rurales y urbanas. Entre la Educación pública y la privada. Todavía peor; en una misma institución educativa, de un docente a otro, las exigencias pueden ser distintas. A tal punto que es perfectamente posible que dos alumnos del mismo nivel y la misma capacidad de aprendizaje obtengan resultados diferentes, según quien los atendiera.. Claro que a estas alturas, este tipo de problemas es prácticamente insoluble, pues es el resultado de la acumulación de deficiencias
de muchos años atrás.

El progreso en el aprendizaje se mide casi exclusivamente con base en los exámenes tradicionales. Lo cual es por lo general, injusto. Aún los famosos tests o pruebas objetivas han sido motivo de muchas controversias durante mucho tiempo. Se llegó a extremos tan inaceptables que de acuerdo con los resultados de un determinado test, había que improbar a todo un grupo de alumnos que según todas las demás evidencias, eran totalmente normales. Este asunto es tan trillado que probablemente en la época actual prevalezcan la cordura y la prudencia O sea; que a los resultados en cuestión, se les conceda la relativa importancia, en el sentido que en muchos casos pueden proporcionar información útil para diferentes propósitos. Pero nunca para decidir el futuro de miles y miles de estudiantes.

Normalmente en la Escuela, cualquier alumno pasa durante un alto porcentaje de su tiempo, oyendo informaciones de sus profesores acerca de diferentes tópicos de las asignaturas que se enseñan desde hace 30 años o más. Además de que esos contenidos son en su mayoría obsoletos, los modos de enseñanza impiden a los estudiantes, el desarrollo de los demás rasgos de su personalidad y de su innata capacidad para aprender a aprender.

Este inconveniente panorama que aún se palpa en la actualidad es el producto de una visíon de la Educación que se llama “conductismo”. Si en tiempos pasados esa teoría fue adecuada para la época, las vertiginosas transformaciones del mundo en que vivimos ahora, evidencian la necesidad de una readaptación de los sistemas educativos, en todos los aspectos de la organización curricular.

Si se quiere con nostalgia, pero con la objetividad que debe caracterizar a la madurez, hemos de reconocer que Reimer con su obra ” La Escuela ha muerto” no deja de tener razón.

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